martes, 4 de marzo de 2014

Desde siempre he escuchado eso de que “somos lo que comemos”, y no hablo de comentarios de nutricionistas o profesionales de la salud, sino de las mismas personas de la calle. Somos lo que comemos… ¿pero lo ponemos en práctica?

Yo creo que no.

La nutrición es un pilar fundamental para la calidad de vida de nuestra raza. Me molesta mucho que casi todos piensen en “nutrición” cuando se habla de bajar peso. No es así, de hecho, la palabra “dieta” no es sinónimo siempre de régimen, o lo que es lo mismo, déficit de kilocalorías. ¿Cuántas veces habré tenido que explicar a la gente que la palabra “dieta” es sinónimo de una determinada alimentación? De hecho, todo el mundo habla de las dietas milagro y las nombra con “dieta” (ejemplo: dieta Dukan, dieta Atkins…), pero si dices “estoy a dieta”, casi todos van a creer que es que quieres perder peso. Importante cambiar ese erróneo pensamiento.

Hay una larguísima evidencia científica fiable que demuestra que una correcta alimentación previene muchas de esas enfermedades de las que morimos día tras día. Sin embargo, parece ser que a la Nutrición -como ciencia- no se la tiene muy en cuenta en pleno siglo XXI. Ni por parte de los gobiernos, ni por la misma sociedad. La sanidad pública deja de lado a los dietistas-nutricionistas, y muchos enfermeros o médicos de familia ocupan sus funciones. De ahí nacen muchísimos de los problemas que hoy sufrimos. Es decir, una total ignorancia sobre lo que comer y no comer para estar más sanos.

Hoy en día solo tienes que preguntar a tus familiares o amigos y que te cuenten qué les han dicho algunos de sus médicos de cabecera sobre determinadas dietas o alimentos. A veces te ofuscas, y otras pierdes la esperanza de que este mundo avance. Hoy se siguen demonizando las grasas (huevos por temas de colesterol, carne roja, grasas saturadas), las dietas hiperproteicas (aunque seas deportista y necesites más cantidad que la media sedentaria), la suplementación a nivel de macros y micronutrientes, y sorprendentemente, se ha formado un club médico anti lácteos. Sin palabras. Lo más problemático viene cuando te encuentras con profesionales que siguen recomendando la Pirámide Nutricional. En ese momento ya pierdes las esperanza al cien por cien.

La cosa está ahí. Si un médico, que es un supuesto profesional, te dice que bajes las grasas, que comas un 60% de carbohidratos al día (lo que se recomienda oficialmente) y que no más de 3 huevos por semana, lo más normal es que le hagas caso, sigas sus recomendaciones, y lo cuentes a tus amigos, familiares o compañeros del bar. Pues multipliquen las recomendaciones de ese determinado médico a sus miles de pacientes. El resultado es que los pacientes consiguen un conocimiento erróneo y sin ningún fundamento científico actual.

Este es nuestro conocimiento nutricional. La Nutrición es la ciencia más ‘tocada’ por la sociedad, y causalmente, donde más ignorancia existe.

Hacen falta nutricionistas actualizados en las mesas. Una enfermedad puede curarse con buena alimentación, pero parece ser que eso no le cabe a nadie en la cabeza. Nosotros preferimos curarnos a base de fármacos y de técnicas médicas con efectos secundarios. Somos así de masoquistas.

La visión actual de cuando hablamos de la relación entre enfermedades como el cáncer, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares con la alimentación, es que somos unos apestados pringados que se preocupan de algo innecesario, porque, ¿a quién le importa la influencia que tengan determinados nutrientes en nuestro organismo?

Eso sí, cuando se producen los días mundiales contra el cáncer o la diabetes, todos lloramos y nos lamentamos (con razón, y más cuando hemos tenido casos cercanos), pero seguimos dando la espalda a la PREVENCIÓN. Nos vamos directamente a que nos curen a base de pastillas y goteros.

La Pirámide Nutricional nos indica que el pan, el arroz, algunos dulces caseros y los cereales (ya pueden ser azucarados) se pueden comer más que alimentos como el aceite de oliva virgen extra, la carne, el pescado o las verduras. Es tan sumamente ridículo, que me cuesta dar una opinión más profunda.

La evidencia científica actual demuestra que las alimentaciones con una alta carga glucémica perjudican en salud y en acumulación de grasa. ¿Cómo pretende la salud pública mantenernos sanos y en línea si pide que comamos al día un 60% de carbohidratos con respecto a las calorías totales?

 

El pan blanco o los cereales azucarados contienen un IG y CG (carga glucémica. Esto depende de la cantidad del alimento) altísimo, y oficialmente, recomiendan que los comamos todos los días. ¿Qué dice la ciencia al respecto?

- Una alimentación con elevado IG y CG se halló relacionada con una mayor incidencia de diabetes tipo II (2013): http://www.nutritionj.com/content/12/1/165 (27,769 pacientes hombres y 36,864 pacientes mujeres)

- Una dieta de elevado IG o CG se asocia a un mayor riesgo cardiovascular (2014): http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24271882

- Dietas con IG-CG reducidos se asocian a valores más bajos de grasa corporal, insulina e indicadores de inflamación (2013): http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23786819 (otro meta-análisis)


Toda la ignorancia nutricional que poseemos se debe a este tipo de engaños que nos inculcan desde hace décadas y décadas. El poder de la industria alimentaria es inmenso, y provocará que aún creamos que una barra de pan a 0’30€ en Lidl es sana. Haga una prueba y lea los ingredientes de ese pan tan sano que está comprado. Puede que luego se arrepienta y elija un buen pan casero de centeno o integral.

Por si quedaba duda, sí, los alimentos integrales están relacionados con menor peso que los refinados o blancos (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24358035).

Hasta que no hagamos más caso de la PREVENCIÓN, la Nutrición seguirá siendo esa ciencia tan olvidada por todos…

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