lunes, 20 de junio de 2016

Conforme van pasando los años de nuestra vida y vamos cumpliendo nuestros objetivos deportivos, comer de manera saludable comienza a ser cada vez más difícil y menos sostenible.

La razón, como casi siempre, es social. Un deportista, ya sea de resistencia o de musculación (nuestro caso), conforme cumple años, cumple metas, deja de ser competitivo, etc, deja de lado un poco lo estricta que fue su alimentación, y se cae en excesos de comida no saludable en reuniones familiares, de pareja o de amigos. Se suele beber más alcohol, se suelen comer más dulces o que el relleno del bocata deje de ser una preocupación, y se le añade lo que sea -pero que esté bueno-.

Socialmente, estamos destinados a ello. No se vería con buenos ojos que comieses algo diferente en bares, restaurantes o comidas familiares. Serías el raro, el obsesionado, el apestado…


¿Dónde radica el problema? Es muy sencillo: EDUCACIÓN NUTRICIONAL.


No esperes comer saludable en el futuro cuando más de joven…

Comías de manera extrema.

Si te has llevado comiendo insípido y restrictivo tantísimos años, cuando dejes un poco de centrarte tanto en esa disciplina, vas a querer comer cualquier cosa. Con “cualquier cosa” no solo me estoy refiriendo a las comidas de tu madre, sino a productos de alta hiperpalatabilidad.

¿Qué son alimentos hiperpalatables? Creo que los conoces. Son alimentos formados por un conjunto de grasas, azúcares y algunos aditivos (ejemplo: potenciadores de sabor) con sabores extraordinarios que no se encuentran de manera natural:






Cuando dejas de lado metas competitivas extremas o terminas esas dietas restrictivas del demonio, es muy difícil comer sano el resto de tu vida.

Durante esas etapas extremas, nunca aprendiste qué es comer sano. Siempre creíste que no debes comer alimentos grasos, no debes comer ningún lácteo, pocas frutas, etc. Todo eso conllevó a que tu alimentación se basase en:

- Carnes blancas a la plancha sin aceite.
- Verduras y hortalizas insípidas.
- Lácteos desnatados (y solo en algunos casos).
- Arroz blanco sin ningún tipo de salsas ni aliños.
- Avena, quinoa… y para de contar.

Durante muchos años de tu vida, perdiste la genial aportación nutritiva de insertar más frutas, más legumbres, más carnes, más pescados, más cereales, más sofritos, más lácteos…

Obviamente, después de épocas (incluso años) pasándolo realmente mal, una vez tu vida da un vuelco (trabajo, familia, enfermedad…), dejas toda esa comida insípida, y “comes lo que haya”. Y aceptas una invitación de “donde sea”. Y “bebes lo que sea”. ¿Sigo? ¿No conocéis casos de culturistas que una vez dejaron de competir, volvieron a un mal estado de forma? ¿No conocéis casos de mujeres sufriendo a base de pollo con lechuga, que posteriormente, volvieron a subir muchos Kgs de peso?



¡No hay educación nutricional!

Nos venden que una alimentación saludable debe ser insípida y sin grasas. Por el otro bando, el poder de las industrias alimentarias hace que no seas capaz de resistir a comer bollería, leches ultra-novedosas con 0’0% de grasa, galletas “para niños” que no deberían serlo…



No puedes hacer que un niño que ha crecido desayunando galletas con leche o cereales Chocapic, le guste la fruta forzosamente. La educación nutricional comienza en los primeros meses del niño. Si a tu bebé le das biberones de preparados de cereales azucarados, tu niño, probablemente, no quiera desayunar manzana o yogures sin azúcar en un futuro.

La solución: ¡FLEXIBILIZA TU ALIMENTACIÓN!

Lo he repetido en muchos artículos. El término “IIFYM (dieta flexible)” es solo una manera más de denominar a la alimentación perfecta de cada individuo.

No quiero que pienses que “flexibilizar tu alimentación” sea comer alimentos ultraprocesados todos los días. Ni si quiera quiero que pienses que la norma del 80:20 (80% comida saludable y 20% comida procesada) debe ser forzosa. No. Las normas se individualizan y se aplican en casos concretos.

Hay personas que realmente pueden permitirse y psicológicamente necesitan meter algún porcentaje diario de comida ultraprocesada. Pues se hace, mientras el resto de alimentos sean saludables.

Pero hay muchas personas que no necesitan meter todos los días algo ultraprocesado. Por lo tanto, a estas personas, no hay que plantarles ninguna norma 80:20 o similar.


Dieta flexible en deportistas

Durante tu etapa más cañera (suele ser de más joven) con tu disciplina, márcate siempre unos objetivos donde una buena alimentación esté totalmente integrada en ellos.

Obviamente, de cara a una posible competición, prueba u objetivo importante, la alimentación habrá que modificarla al máximo para que este objetivo sea eficiente.

Sin embargo, el resto del año, come grupos de alimentos saludables: carnes, pescados, frutas, verduras, hortalizas, cereales integrales, huevos, patata, frutos secos, lácteos enteros, aceite de oliva, aceite de coco…

Siempre habrá compromisos en los que tengas que comer de manera no saludable. No será ningún problema, e incluso podría ayudarte mentalmente, pero no se trata de comer mal casi todos los días de la semana.

No se trata de que una vez finalizado un objetivo, tengas que inflarte a comer alimentos basura y bebidas azucaradas o alcohólicas.

Si te encuentras en una etapa tranquila, y estás deseando comer comida ultraprocesada, te aseguro que algo estás haciendo mal. Entiendo que la culpa no es solo tuya (no solo es tu fuerza de voluntad), ya que las campañas de marketing de industrias alimentarias están diseñadas perfectamente para que quieras sus productos.
Si te ocurre eso, plantea bien tu alimentación y elige alimentos más saciantes.


Dieta flexible en sedentarios

En sedentarios, la palabra “dieta” se relaciona directamente a comer muy restrictivamente, poco e insípido. Al existir menor o ningún conocimiento nutricional, ocurren estos tipos de barbaridades.


Cuando alguien sedentario que me conoce y sabe que divulgo sobre nutrición me comenta que por qué critico tanto a “dietas milagro” y productos dietéticos de herbolario, ya que se pierde mucho peso en poco tiempo, siempre les aclaro lo mismo:

- ¿Cuánto te va a durar?
Una dieta milagro hace que pierdas peso porque existe una restricción calórica inmensa, sumado a un aumento de la actividad física. Punto.

Mantener una dieta así a largo plazo es insostenible. Durante la dieta lo has pasado realmente mal, has tenido hambre, y en cuanto te descuides, van a empezar a llegar los atracones de comida, o a “comer normal” (típica frase social). Ese “comer normal” se refiere a comer patatas fritas junto a las carnes, o a comer yogures azucarados de postre, o a comer con una lata de refresco azucarado, o a comer con una barra de pan junto a unas lentejas.

Espero que lo hayáis visto claro. Socialmente, “comer normal” es comer bien. Pero eso no es cierto. Las pautas sociales normales son un completo fracaso. NO EXISTE EDUCACIÓN NUTRICIONAL.

- ¿Cuánto has perjudicado tu salud?
Después de una dieta tan sumamente restrictiva e hipocalórica, seguramente hayas ‘trastocado’ tu sistema hormonal. Tendrás la leptina por los suelos, lo que incidirá a una menor saciedad y una ralentización del metabolismo basal, lo que producirá una dificultad para perder más grasa corporal. Aparte incidencia, testosterona, estrógenos (mujeres), perfiles lipídicos

Y no solo eso, sino que habrás desechado muchos nutrientes importantes y/o esenciales para nuestra salud. Muchos aminoácidos esenciales, ácidos grasos esenciales, compuesto bioactivos como polifenoles, etc


Conclusión

ACTIVIDAD FÍSICA + ADHERENCIA A LA ALIMENTACIÓN.

Dejando de lado la importancia de la actividad física, hemos podido comprobar que una adherencia a nuestra dieta es primordial para poder llevarla a cabo a largo plazo, que es lo que de verdad buscamos. No importa que comas sano durante 5 años, si luego vas a dislocarte. No importa que pierdas 20 Kgs si al finalizar la dieta vuelves a “comer normal”.

Intenta que en tu casa no entre comida ultraprocesada. Primeramente, es lo principal. Estos alimentos están diseñados para que los acabes comiendo, no solo se trata de fuerza de voluntad. Puede que seas capaz de rechazar ese donut una etapa en la que estés concienciado y motivado, pero te aseguro que te llegarás a comer ese donut en alguna etapa en la que flojees. Por lo tanto, te lo habrás comido.
Ahora multiplica ese donut por los tropecientos de alimentos ultraprocesados que tenemos en nuestras cocinas.

No seáis antisociales. No importa de vez en cuando comer mal, pero no tomes por costumbre comer mal frecuentemente.

No creo que el causante del sobrepeso y la obesidad solo sea la fuerza de voluntad. Buena parte de esta culpa la tienen las industrias alimentarias y todos los conflictos de intereses de organismos oficiales relacionados con la nutrición del país, que tienen contratos con industrias alimentarias.

Me niego a pensar y decir que la industria alimentaria no tiene la culpa. Pero también tú tienes la culpa (seas madre, padre o abuelo) de comprar estos alimentos ultraprocesados y guardarlos en cestas y alacenas. Porque en ese punto, te aseguro, que un miembro de la casa, va a comerse esos alimentos.
Si mantienes tu casa sin estos productos, el consumo será mucho menor.

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