sábado, 5 de noviembre de 2016

Desde que las dietas en el sector de la musculación llegaron a ser mucho más variadas y se aumentó el número de alimentos -dejando de consistir solo en avena, pollo y arroz-, alimentos como el pan llegaron a formar parte de una preparación normal de atletas amateurs e incluso profesionales.
Mi objetivo en este artículo no es en ningún momento promulgar el consumo de pan. En absoluto. De hecho, hay mejores opciones amiláceas, dada la pobre calidad existente de este alimento en el mercado normalizado.
Es un completo error que existan organizaciones y profesionales sanitarios que recomienden comer pan cada día y hacer ver a la población que es un alimento esencial para gozar de buena salud. Estas recomendaciones son fruto del desconocimiento y de los intereses comerciales por parte de industrias panaderas. Más información sobre estos conflictos de interés en “La mala alimentación: ¿De quién es la culpa?”.
Aún así, no considero un mal alimento un buen pan proveniente de cereales integrales, a no ser que poseas alguna patología relacionada con las proteínas del gluten. Y sobre todo, teniendo en cuenta que en este caso, estamos hablando de sujetos con una actividad física y unas necesidades muy diferentes con respecto a lo que se pueda prodigar en nutrición clínica. A un culturista en etapa de ganancia muscular, que necesite insertar 4000 Kcal, ¿vas a hincharlo a base de arroz, avena y fruta? Es tan insostenible como una dieta ‘arrozpollista’.




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