jueves, 29 de marzo de 2018

Seguro que conocéis productos lácteos que en los supermercados se conservan en los estantes a temperatura ambiente y no en el frigorífico. De hecho, llevan en el mercado desde los años '90. 
¿Por qué a temperatura ambiente?
En este caso, hablamos de una excepción del "yogur", siendo este, según el Reglamento 271/2014, un «producto de leche coagulada por fermentación láctica mediante la acción de Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus a partir de leche, que previamente hayan sufrido un tratamiento térmico". 
También es necesario que el conjunto de microorganismos productores de la fermentación se encuentren en una cantidad mínima de 10^7 (107) UFC (unidades formadoras de colonias)/g. 

El problema es que este "yogur" no cumple esta definición como tal, ya que se le aplica un proceso de calor (pasteurización) después de producirse la fermentación. Esto mata a las bacterias que contiene el yogur después de la fermentación. Por lo tanto, libre de posible contaminación, puede conservarse a temperatura ambiente antes de ser abierto, siempre que contenga la denominación "yogur pasteurizado después de la fermentación".


La conclusión es que es un "yogur" porque lo dice la legislación, pero jamás debería serlo, porque no está 'vivo'. Su uso nunca ha triunfado demasiado en el consumidor, y sin embargo parece un inventazo. Pero vamos, poco sentido tiene tomar un yogur que no ofrece los beneficios que tiene un yogur per se.


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