martes, 5 de julio de 2016

Soy un fiel amante del cacahuete. Tanto por su sabor, como por los grandes beneficios que posee el añadir su consumo a nuestra dieta diaria.

Recomiendo encarecidamente que antes de leer el presente artículo, lea la primera parte de esta pequeña guía. Dicho artículo se llama “Cacahuetes: salud y sabor”, y fue publicado en Powerexplosive.com, donde explico de manera general algunos aspectos del cacahuete o maní, como sus nutrientes, las maneras frecuentes de su comercialización, estudios que relacionan su consumo con beneficios en la salud, alergias y contaminación por aflatoxinas.


En esta segunda parte de la guía, iré un poco más allá. Explicaré aspectos que no toqué en el primer artículo, todo en base a una revisión novedosa publicada en 2015, llamada “Peanuts as functional food: a review” (Shalini S. Arya, Journal Food Science Technology, 2015). La información que aportaré estará basada en dicha revisión, por lo tanto, podréis echar un ojo a su full, por si queréis comprobar las afirmaciones en base a sus referencias científicas.


Aunque este artículo no solo irá enfocado a resumir la anterior revisión. Un artículo publicado en El País, llamado “Un puñado de cacahuetes al día es demasiado”, hacía mención a nuestro maní, y bajo referencias no fundamentadas, echaba pestes al consumo medio de frutos secos, y más concretamente, al del cacahuete (aunque no sea un fruto seco).

Intentaremos responder con fundamento a cada una de sus afirmaciones no ciertas.


El cacahuete: más información

Repasaremos algunos conceptos ya escritos en la primera parte del artículo, pero creo necesario decir al principio, que el cacahuete no es un fruto seco. Botánicamente, es considerado una leguminosa y oleaginosa (por su alto contenido en aceite).
Sin embargo, socialmente, e incluso muchos estudios, comparan al cacahuete con frutos secos como las nueces.




Grasas

Conforman alrededor del 50% del valor energético total. Un 50% de esas grasas, son ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico primordialmente, como el del aceite de oliva), que han demostrado mejorar los perfiles lipídicos, disminuyendo el colesterol total y disminuyendo las lipoproteínas LDL.


Carbohidratos

Casi toda su composición es a base de fibra, aparte de un contenido en sacarosa.

La fibra mayoritaria es insoluble. Posee un índice glucémico (IG) y carga glucémica (CG) muy baja. Afecta muy poco a la glucemia, incluso cuando se ingieren con alimentos de alta CG, como pan y zumo. En estudios se ha podido comprobar cómo los cacahuetes redujeron la glucemia.


Proteínas

Poseen una gran calidad proteica. En esta revisión se aplica el método PDCAAS, uno de los métodos para evaluar la calidad proteica en alimentos (más información en “Métodos para determinar la calidad de una proteína”).

Según PDCAAS, los cacahuetes poseen un valor de 0’7 sobre 1 (rango máximo), calidad equiparable a carne y huevos. No creo que PDCAAS sea el mejor método para evaluar la calidad proteica del cacahuete, ya que al contener compuestos antinutritivos (ácido fítico en este caso), no se podría comprobar la digestibilidad total.

Aunque los cacahuetes son muy ricos en el aminoácido arginina, es limitante en los aminoácidos lisina y metionina.


Compuestos bioactivos y micronutrientes

Los cacahuetes son muy ricos en vitaminas y minerales, aparte de compuestos bioactivos como polifenoles (resveratrol el mayoritario), coenzima Q10, etc. Todos estos compuestos bioactivos son los responsables de relacionar su consumo con mejor salud.

Sería interesante que al comer el cacahuete, no tiremos su piel rojiza característica, ya que en ella se encuentran la mayoría de compuestos bioactivos, aparte de su fibra insoluble.


Las falacias dichas en el artículo de El País

Cuando se habla de alimentos grasos, como los frutos secos, los medios de comunicación siempre salen a la palestra con afirmaciones poco rigurosas hoy día.

En el artículo ‘Un puñado de cacahuetes al día es demasiado’, la autora añade que ‘pasarse’ con los cacahuetes podría ocasionarnos tres consecuencias nefastas.

Vayamos por partes:



PRIMERA AFIRMACIÓN ERRÓNEA – AUMENTO DE PESO

“Como dice la doctora Rosso, “estos frutos secos controlan la tensión y aumentan las defensas, pero tienen un alto valor energético". Pero toca contar. “Conviene tomar 50 gramos (33 cacahuetes, sin nada más) como comida de mediodía o media tarde. Y solo eventualmente: una o dos veces por semana”, dice la doctora Rosso. Ingiera más que el puñado recomendado cada 4 o 5 días, y logrará rápidamente el efecto contrario, y con más velocidad que con otras sustancias. “Si se toma un puñado pequeño al día, de manera continua, se puede llegar a engordar hasta 1 kilo al mes”, asegura la doctora Mar Mira. Eso es porque son extra densos en calorías, lo que significa que tienen más energía por ración que la mayoría de otros alimentos. Por ejemplo, 100 gramos de cacahuetes tienen 567 calorías, mientras que el mismo peso de pasta cocida tiene tan solo 130 calorías.

Parece que las doctoras Rosso y Mira han leído más bien poco sobre los últimos estudios sobre frutos secos y cacahuetes.

Me parece completamente impresionante que esté diciendo que solo se pueda comer cacahuetes 1 – 2 veces por semana, y que se puede llegar a engordar hasta 1 Kg al mes, sin tener en cuenta ningún parámetro dietético del individuo.

Creo –o espero- que las doctoras no han leído estudios como “Impact of peanuts and tree nutrs on body weight and healthy weight loss in adults” (2008, The Journal of Nutrition), donde se comprueba que el consumo de cacahuetes no se relaciona con aumento de peso a pesar de su alto contenido calórico, ya que aún no se conocen los mecanismos de metabolización del maní y resto de frutos secos.

¿Y habrán leído?:
En http://www.nutstudies.org/Almond1996pub3.pdf (2011), se les añadió a 100 personas unos 50 gramos diarios de almendras. Aunque ingerían unas 150 kilocalorías más al día que el grupo normocalórico, no hubo aumento de peso.
En http://journals.cambridge.org/download.php?file=%2FBJN%2FBJN98_03%2FS0007114507734608a.pdf&code=d6797c68db6e465328e851f47f408cbf    (2007), veinte mujeres comieron durante dos meses 350 kilocalorías diarias de almendras, añadidas a su alimentación habitual, y no se produjo aumento de peso.
En http://www.nutritionj.com/content/11/1/20 (2010), se dividieron a dos grupos de 35 cada uno. Al primero lo alimentaron con 50 gramos de pistachos, y al otro grupo, una ración de galletas con las mismas kilocalorías equivalentes a los pistachos. A pesar de que cada grupo comió el mismo número de kcal, el grupo de los pistachos adelgazó más.
En http://www.nutstudies.org/walnut2000pub1.pdf (2005), a 50 personas se les añadió a la alimentación 35 gramos de nueces. Lo más curioso fue que aunque en global los que comieron más nueces también ingerían más energía (unas 130 kilocalorías más), no afectó al peso.
En http://jn.nutrition.org/content/138/9/1741S.full (2008), se llegó a la conclusión, a través de un compendio de 43 estudios, que aunque el cacahuete y la nuez posean una gran densidad calórica, no se relacionan con aumento de peso.


SEGUNDA AFIRMACIÓN ERRÓNEA – TRASTORNOS DIGESTIVOS

¿De verdad este apartado se considera una “consecuencia nefasta”?

Ya que el cacahuete es una legumbre, sus oligosacáridos son más difícilmente digeribles por nuestra microbiota, y podría dar lugar a gases y problemas digestivos. Exactamente igual (incluso en mucha menor medida) que garbanzos, lentejas y alubias. Pero claro, si el alimento lleva grasa, se le demoniza.
No es una consecuencia nefasta ni mortal. Este apartado me parece el más ridículo por parte del artículo.


TERCERA AFIRMACIÓN ERRÓNEA – PROBLEMAS HEPÁTICOS

Achacan posibles problemas hepáticos… ¡a su cantidad alta de grasa! Querría ver problemas hepáticos por un consumo de grasas monoinsaturadas. Que me enseñen evidencias, porque no las hay. Ridículo.

De lo que sí podría haber relación es por una posible formación de aflatoxinas, toxinas naturales que podrían aparecer por el hongo Aspergillus flavus, pero EFSA tiene bastante controlado este tema, y más le vale, con todos los problemas que llevan apareciendo en torno a la Seguridad Alimentaria.

El porcentaje de aparición de aflatoxinas en alimentos de manera rutinaria es pequeñísimo. Es como decir que no comas huevos, por una posible contaminación de la bacteria Salmonella.


Lo dicho, juzguen ustedes mismos la clase de periodismo alimentario que hay en este país.



2 comentarios :

  1. Me parece increíble que en estos tiempos aun sigamos así. . Pero oye mejor es comer bollicaos y galletas tostarica al menos lo avalan la asociación de pediatría

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  2. Si solo fuera malo el periodismo alimentario... yo de ti dejaría de leer los medios mayoritarios. Aquí te recomiendo un periòdico independiente (no pertenece a la banca, iglesia o élites econòmicas). Por cierto, gran àrticulo ;)
    http://www.eldiario.es/escolar/cosas-sorprendentes-Espana-despues-votar_6_533756646.html

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